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 Ingredientes:

 La Virgen Morenica

 Las calles y el castillo de Villena

1 Comparsa radiante y activa

1 Presidente avalado por su Junta Directiva

1 Banda Oficial (Cabeza de algunas más)

6 cargos ilusionados

1 Sede en un lugar estratégico: “La Jaima”

1 Sala de fiestas apropiada: “La Cábila”

Para la salsa:

Cucharadas soperas de raso amarillo, gratinadas melodías como EFEMÉRIDE, DÍA 4 QUE FUERA, NATIONAL EMBLEM, VARIADAS MARCHAS MORAS..., más de una y salteadas ramas de alábega, un poco de cantueso (no es necesario al baño maría), mucho y sazonado compañerismo, etc.

Preparación

Esta gustosa receta, aunque parezca fácil y sencilla, requiere de un gusto exquisito y de una serie de necesarios pasos anteriores. Como el dado, este año un poco antes en el calendario, el 4 de junio. Este día la obra “Villeneros” fue, entre dieciocho más, la que se alzó con el premio del jurado del V Concurso de Pintura Festera que los Moros Nuevos convocamos. Virtudes Espinosa recogió, emocionada, su premio.

Indispensables, tanto para este manjar como para el verano lúdico en nuestra ciudad, son las fiestas veraniegas en “La Cábila”. El 9 de julio y el 13 de agosto fueron las fechas de la “Fiesta Mora” y el “Homenaje a las Madrinas”. Ganando pulsos sin rivales, estas convocatorias, y este año muchas citas más, han sido multitudinarias y largas...

El 7 de agosto Irene López, en una periodística noche, fue presentada como Regidora de las fiestas de este año. Ella ha sido una representación de nuestras socias verdaderamente genuina. Estos pellizcos de sal dan un toque sabroso.

Para que todo tenga una forma bonita es obligado tornear. Eso precisamente hizo el 15 de agosto la Junta Directiva: exponer y explicar los pormenores de los días grandes, pasando después a refrescar el gaznate, ¡es que los calores...!

Condimentación

A la cocina hay que ponerle mucha imaginación. Sin duda, la que no faltó a los actos de Presentación de nuestras Madrinas. En la tarde del 22 de agosto, escoltados por banderas de colores, Felipe, Iván y María, que nos brindó unas palabras, se despedían de sus cargos. Y todo se hizo magia. Los nuevos representantes de los más pequeños hicieron su entrada en un particular coche oficial, un tren, acompañados de más niños bien surtidos de confeti. Carmen, antes de leer su discurso, fue agasajada con un baile de sus amigas y ayudó, al igual que Daniel y Hermes, al Mago Charly a hacer su papel. Un número divertido, sorprendente y muy mágico, que deleitó no sólo a los infantiles. Un bonito y acogedor escenario cambiable y, como no, la merienda, completaron una entretenida tarde.

Y si el equipo de una presentación ya respiraba, el de la Madrina Mayor ponía el 28 de agosto toda la carne en el asador. Salpiconada y al gusto. Así quedó de bien condimentada la receta esta noche de “Historia Interminable”. En un colosal escenario flanqueado por arcos estilo “Cábila” y una pantalla de cine muy mora nueva, Vicente y Clarise, aunque según ellos, al principio sin guión, hilaron a la perfección un acto sin desperdicio. Revivimos recuerdos de un año excepcional, el pasado, y despedimos a Juan José, Ignacio y Juana María. Ella, de rojo chaleco, supo despedirse con nostalgia y alegría. Pero la historia de la comparsa sigue, y bien claro que se nos quedó. Al final, encontramos a la Madrina, todo sea dicho, muy bien ayudados virtualmente. Llegó envuelta en atención y expectación. El enorme mago que entre sus manos la portó al escenario subía, bajaba, nos maravillaba. El Grupo Maracaibo, por segundo año, consiguió subyugarnos. Jesús Carlos y Jesús, Capitán y Alférez, entre timbales, luz, serpientes, bailarinas... escoltaban a su sobrina y prima. La originalísima puesta en escena de esta presentación de cine puro, bien simulado y bien doblado no acabó hasta que Irene, de verde faja, nos habló a sus moros y el cielo se cubrió de amarillos, verdes, rojos, azules... Un reto sobradamente superado que se endulzó, todavía más, gracias a una noche de luna mora y la Orquesta Cocó.

 

Aliñamiento

La novedad también es buena entre pucheros. A un acto de tradición como el Pasacalles, se sumó, este año, la variación en el día de la Romería de Nuestra Patrona a Villena. El 29 de agosto, y entre miles de personas, La Morenica llegó a Santiago.

El Día 3 de septiembre volvimos a hacer La Entradica. El acto que fue un contrapunto el año pasado para el de la Bendición de las Banderas, tuvo su continuidad éste. El mal tiempo no fue obstáculo y la Plaza de Santiago fue la meta. El Día 4 llegaba...

¡Vaya que si llegó! Y con viento durante el día y hasta un poco de llovizna. Agua que no impidió una Cena elegante y de altura. Eurotoque se encargó, por cuarta vez, de este cometido gustando y satisfaciendo a quienes nos dimos cita. “La Cábila” es el centro social indiscutible esas horas. Horas en las que la Orquesta La Habana puso música con todas sus letras.

Freidura

El secreto para aprovechar el sabor de los alimentos está en innovar pero, también, en mantener las tradicionales secretos, esos que nos enseñaron nuestros abuelos y a ellos los suyos...

Tras las palabras que el profesor Mateo Marco tan bien pregonó, aparecieron nuestros cargos impecables y garbosos. Fueron los primeros en vestirse y los responsables de un escalofrío que nos atravesó de pleno la espalda.

Bien caliente, hay que empezar a freír cuando el aceite está preparado. Y así estaba el ambiente cuando “Batanero”, a cuerda larga y gracias a la generosidad e incondicionalidad de Juan Carlos, abría el paso de los Moros Nuevos en La Entrada con sus reverencias y su porte de caballo de raza. Moros de sol y fuego seguimos su estela. Conseguimos que el astro solar tuviera envidia de nuestro raso. El calor y el rojo de nuestros chalecos se hizo fuego vivo e incendiamos un desfile que saboreamos con densidad y fuerza. Massais, Selyúcidas, Rassíes y Jenízaros, separaron a socios de socias con trajes estilosos y muy apropiados para cada una de sus idiosincrasias.

Asación

Para que el asado quede gustoso y en su punto es necesario que el horno esté precalentado, como ya lo tenemos, y que nos tomemos nuestro tiempo. Como el Día 6, un jornada cargada de actos que comenzó con el brío de La Diana para continuar con la más que centenaria, posiblemente, Misa del Cementerio. La lápida que el año pasado descubrimos se cubrió de flores en memoria de tantos y tantos moros y amigos que a la memoria, entre alargados cipreses, regresan, una vez más, a nuestra memoria.

El futuro, apuesto firmemente, lo tenemos garantizado con una cantera, como pudimos ver en La Esperanza, entregada al buen desfilar. Tanto las pequeñas como los pequeños, sin olvidar a los pequeñísimos de las tres carrozas, dieron una lección de saber estar. Al horno debemos echarle un ojo de vez en cuando, añadirle, si es necesario, una pizca de sal y alguna que otra especia, que nunca viene mal.

La sal en las fiestas son las Embajadas, y si ganamos, como en la del 6 por la tarde, tanto mejor. Pero en el Asilo, a la misma hora, el sabor que nos dejan los ancianos es mejor que el orégano en la pizza. Para ellos somos agua de mayo, la fiesta en casa. Para nosotros son el complemento que nos llena como Comparsa, satisfacción.

Los Rassíes, en su local, fueron anfitriones en su tradicional piscolabis. Eran cerca de las siete y media de la tarde.

Para que bien rostida quede la receta La Cabalgata es perfecta. Dorados y crujientes aparecemos tras rostirnos a base de bien. Con paso firme las socias, desprendieron sutileza y efervescencia, alternando sus bloques; nosotros, militares y decididos. Destacaron las marchas moras de las Escuadras Especiales entre un EFEMÉRIDE impactante y consolidado.

Sobre las 5 de la madrugada el fuego de los chalecos de los Moros Nuevos dejó hechas cenizas las calles de Villena. Nos sobró calor para, en “La Cábila”, tener calentitos los churros y el chocolate.

Tostamiento

El colorcico adecuado lo conseguimos calentando un poco más. La segunda Diana la hicimos cerca de las ocho de la mañana. Al terminar tuvimos, unos pocos sólo, hay que decirlo, el tiempo justo para preparar el ramo de flores para La Ofrenda. Un acto impulsado por los Moros Nuevos y en el que somos muy generosos de una manera callada. Enfermos de Alzheimer y AFEPVI fueron la consigna.

Los Harichíes demostraron, como tantos años, sus dotes de buenos anfitriones en su local.

Boquiabiertos dejamos al pueblo con La Retreta. Una vez más fuimos quienes entendimos su espíritu. A saber: Ayyubies-La Palmerá promulgaron un singular bando en el que vestidos de “La Revoltosa” nos dijeron ser la alcaldesa de la ciudad, Doña Vicenta Tortosa. Siempre dinámicos y rompedores; Las Talies derrocharon energía con pantalones cortos en un homenaje al “C. D. Villena ¡un tesoro en Regional!”; y los Escorpiones con su “Enterramiento de la Retreta” reverdecieron los laureles del Primer Premio de este acto, con una parodia perfecta. Aquella Corporación Municipal acompañando al féretro fue un espectáculo de caracterización y también de crítica y sentido del humor.

Nuestra receta quedó bien tostadita y sabrosa, y es que ya era el Día de la Patrona cuando después de La Alborada, fuegos artificiales iluminaban La Atalaya.

Reposo

Es el día de La Morenica y necesario “un poco de reposo” para que la receta esté exquisita. Hicimos la tercera Diana y al alcalde de Biar “tuvimos que darle”, en la Embajada, a La Mahoma. Por la tarde, tras la impactante Conversión del Moro al Cristianismo, llegó La Procesión y conseguimos la uniformidad que nos caracteriza en este acto. Los refrigerios de “La Casa” nos vinieron geniales, y es que su ubicación es del todo estratégica. Es un orgullo, al igual que “La Cábila” que contó con buenas orquestas y con gente joven que llenó de alegría nuestro recinto.

Decoración

La terminación es igual de importante que el resto del proceso. La despedida de La Virgen no es tal, es un emplazamiento, un hasta pronto. Antes de emprender el camino para destino: Almuerzo, la escuadra de la Al-kibla nos obsequió, en su local con unas pastas y mistela.

El último desfile trascurrió entre variadas melodías ya conocidas y los magistrales abanicos hasta llegar (¡Oh, no!) a Santiago. Allí rodamos, rodamos, rodamos... se mezclaron los colores, nos batimos a punto de nieve... Es inevitable que los ojos se aneguen tirando al aire el fez. Y más si el “Día 4” está interpretado por La Agrupación Musical Los Rosales de Bolbaite, Banda que era nombrada poco después la mejor entre las oficiales de todas las Comparsas, un merecidísimo premio.

El adorno de nata lo pusimos tras los actos oficiales. Todos enfilamos, un año más y ya son tres, en dirección a “La Cábila”. Una acertada decisión es celebrar así el fin de fiestas. Allí el fuego, el mismo que irradiamos en las fiestas se convertía en la Gran Parrillada de la que dimos cuenta. Poco a poco se fue saciando el hambre y quedaron sólo las cenizas de una noche bien exprimida.

Antes de dar por terminada este complicada receta hay que hablar del 26 de septiembre, Día de la Recuperación, en el que de nuevo nos reunimos en “La Casa” para los calenticos e iniciamos una jornada de hermandad. Al llegar a “La Cábila”, el almuerzo se hizo energía para el paseo. El sol nos acompañó y muchos fuimos los que repasamos el anecdotario 2004.

Observaciones del chef

Este cronista metido a pinche, en esta ocasión, el mismo que se siente orgulloso al escribir sobre su Comparsa, reconoce que esta receta es única y difícil de hacer, pero sabe que con un presidente tan decidido y valiente, acompañado de su radiante Junta Directiva, el año que viene el puchero ciento cincuenta y dos estará dispuesto para servir a la mesa. Que la llama siga encendida y mantenida por todos, así seguro que será posible.

Amado-Juan Martínez Tomás

Cronista

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 LA Virgen Morenica es en nuestras fiestas el icono, el referente, el motivo religioso. En torno a Ella, por y para Ella, infinidad de actos han sido concebidos en nuestra densa agenda septembrina. La devoción de los villeneros, festeros o no, ha quedado patente, año tras año, tanto con las muestras de fe y cariño que se le dispensan durante los días grandes, como a lo largo de los restantes trescientos sesenta días en su Santuario. (Este año trescientos sesenta y uno)

 

OFRENDA floral, ofrenda artística, ofrenda útil, ofrenda económica, ofrenda sentimental... Existen tantas ofrendas como queramos. Todas lícitas y bien recibidas. Como dice la canción del numeroso grupo sevillano: “todo vale, vale todo lo que tengas para dar, una mano, una palabra, algo de tu voluntad”, y continúa después: “siempre hay alguien que le falta lo que tú tienes de más. Todo pasa, pasa todo y así siempre pasará. Somos nadie, nadie somos si no importan los demás”. Y es que grandes son los motivos de un acto que, haciendo bisagra el Día 7, nos despierta definitivamente de una larga noche de Cabalgata y nos sosiega, después de los eufóricos primeros días de fiestas.

 

 

Los Moros Nuevos, en el año 1948, año de las Bodas de Plata de la Coronación Canónica de nuestra Patrona, realizamos un escrito leído a pie de Altar en la Iglesia de Santa María, allí era donde La Morenica se encontraba. Posteriormente, se le ofreció a la Virgen, junto con este escrito, un libro realizado en papel pergamino con tapas de cuero repujado, en el que figuraban las firmas de los socios activos en ese momento.

Esta iniciativa, recogida de las Fallas de Valencia, se podría considerar la semilla de La Ofrenda en las fiestas de Moros y Cristianos de Villena. Semilla que comenzó a brotar seis años después, en 1954, año del Centenario de la Comparsa, con una ofrenda floral a la Virgen. Éste fue uno de los eventos que para tal acontecimiento fue organizado. A los ramos de flores se sumó, también estas fiestas, un pergamino entregado por manos del presidente.

Desde la década de los 50 mucho ha medrado en organización, lucimiento y vistosidad La Ofrenda. Todos las comparsas, durante este tiempo, hemos puesto de nuestra parte para que esto sea así. Fiestas tras fiestas hemos querido, el día anterior al de su onomástica, llegar hasta la Virgen de las Virtudes para, con complicidad y cariño, hacerle saber con flores, regalo efímero y surgido de la naturaleza más bella, toda una amalgama de sentimientos.

Recuerdos preciosos de esas luminosas mañanas son inevitables que se agolpen en la mente. El día despertaba temprano para confeccionar el más precioso de los ramos, con flores nacidas del abono con que mi padre las hacía crecer. Mi madre, guapísima, con su mejor vestido y esas espléndidas peineta y mantilla que tanto me deslumbraban. Los dos nos agrupaban en torno suyo y todos juntos salíamos para el desfile. La Ofrenda ha sido y es el acto familiar por excelencia, en el que todos tenemos un hueco, todos tenemos cabida, incluidos los acompañantes. Hoy por hoy, esto no es un valor tan precioso como hace algunos años.

Señoras y señoritas de peineta y mantilla, villeneras, villeneros, trajes de chaqueta y los trajes de paseo son los atuendos necesarios para comenzar el trayecto hasta la Iglesia de Santiago. Un recorrido en el que algunas comparsas se han caracterizado por una excelente puesta en escena y por “quemar” grandes dosis de trabajo y dedicación.

Los Moros Nuevos, a lo largo de estas décadas, también hemos aportado algunas que otras ofrendas dignas de mención y recuerdo al acto del que fuimos impulsores. El Santuario de Nuestra Señora ha sido el destinatario en numerosas ocasiones: desde 1962, un precioso cáliz para el uso de la liturgia allí se encuentra, al igual que la alfombra roja para su pasillo central, ofrenda de 1963. Dos años después, en 1965, hasta este lugar hicimos llegar el “velero” o lamparario de plata. En 1966, un transformador eléctrico de cambio de voltaje y una década más tarde, en 1976, cuatro puertas para el camarín de la Virgen.

Otras iglesias, como la de Nuestra Señora de la Paz, ha sido destino de, por ejemplo, la ofrenda de 1975, reclinatorios y un atril con un pequeño púlpito. En 1977, un arcón congelador llegó hasta el Asilo de Ancianos y a Apadis, una mesa con doce sillas. También ha habido ofrendas artísticas: recordamos la Cabeza del Orejón, realizada por Miguel Maestre, en 1975, y la imagen de la Patrona rodeada del tesoro en 1989. Un tesoro con todos sus enseres y vasijas trabajado en metal. Sin duda, este año fue “Nuestro mejor tesoro, nuestra Patrona”

Para Ella, para la Virgen, han sido dedicadas ofrendas como la de 1974, unas andas nuevas para los traslados de su Imagen. Ernesto Navarro, Moro Nuevo, fue el artista de la talla encargado de realizar la obra, galardonada con el Primer Premio de ese año. Sumamos la de 1984, un original Libro de Ofrendas encuadernado en legítimo pergamino y estampado con filigranas de oro, destinado para ser anotador de todas las donaciones de la Virgen (resalta la acuarela del Santuario de su primera página).

Escuchando las peticiones de diferentes asociaciones, infinidad de años nos inclinamos, a pesar de no ser tan voluminosas y visibles, por ofrendas económicas. Pasan desapercibidas para el pueblo en general, pero no para el lugar donde van destinadas.

Desde 1996 y a petición de nuestros sacerdotes, la Comparsa incluyó el 0,7% del presupuesto para el Tercer Mundo. Ese año la cantidad fue dirigida al Departamento de Flores de Guatemala, allí se encontraban personas afines a los Moros Nuevos que supieron sacar provecho a la ofrenda. En 1997, por solicitud de la hija del socio Juan Galipienzo, la zona de Chapas, Méjico, fue el destino. El año siguiente la Corona Social de la Virgen de las Virtudes se convirtió en nuestra meta, no podía ser de otra manera en el 75 Aniversario de su Coronación.

El 0,7% ha seguido siendo mantenido durante todos estos años. No cabe duda, La Ofrenda de nuestra Comparsa es generosa, altruista y sobretodo callada. Desde 1999 distintas asociaciones locales han sido para nosotros el punto de mira. La satisfacción de poder, de alguna manera ayudar un poquito, es una satisfacción que rebasa con creces el esfuerzo.

Hace dos años, en el 2002, ese porcentaje fue para AFEPVI, Asociación de Familiares de Enfermos Mentales.

La Ofrenda del 150 Aniversario de la Comparsa, la del año pasado, estuvo dirigida a los enfermos de Alzheimer, y hasta su centro llegaron aparatos de rehabilitación por él mismo solicitados. Una ofrenda ésta, que resultó muy brillante gracias a la colaboración de nuestras madrinas. Ellas, tanto mayores como infantiles, o bien vestidas de villeneras, de moras o de calle, tuvieron la consideración de acompañarnos. Elegantes como son y con sus ramos de flores, envueltos con unas pequeñas bandas en el que figuraba el año en que cada una de ellas fue nuestra máxima representación femenina, aportaron, una vez más, un poco de sí mismas. Agradeciéndoselo, de corazón, la Comparsa.

Este año, el Día 7 a las 12 de la mañana, tenemos una nueva cita. Una cita que ha de renovarse continuamente. Éstas primeras cinco décadas de ofrenda son, seguro, tan sólo un prólogo.

 

 

 

 

Amado-Juan Martínez Tomás

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[...] Notable centinela

de plazas y castillos

de honores, núcleo

de escoltas, tesoro

y del canto nacional

inspiración y esencia.

Clarín, redoble y saludo

Himno, vibración y ofrenda. [...]

 

 

El pasado 3 de septiembre de 2003, en la Iglesia Parroquial de Santa María, fueron bendecidas por uno de nuestros sacerdotes, Ginés Pardo, las nuevas banderas que, con motivo del 150 Aniversario de la Comparsa, fueron excelsamente confeccionadas.

Con el templo prácticamente abarrotado, a los Moros Nuevos y a todo aquel que tuvo la complacencia de acompañarnos, se nos desveló, por fin, el secreto de cómo eran nuestras telas, esas que usan como insignia las tropas de infantería y que se aseguran por uno de sus lados a un asta. Importante es, en todo alférez que se precie, ser el portador de una enseña digna, la que a su infantería, siempre, identifica. En el Altar el presbítero, el presidente, los artífices de la obra y los cargos de la Comparsa del año 2003, padrinos de las mismas. Y ocupando los bancos todos los demás, satisfechos y orgullosos, para nada defraudados y deseosos de poder apreciarlas más de cerca. Ocasión perfecta fue la posterior “Entradica”, la que por primera vez los socios realizamos, tras la cena, en La Casa. Sin lugar a dudas, una excusa ideal que nos permitió disfrutar más de la antesala de las fiestas, de la banda de música y de las calles de Villena.

Esta bandera es una merecedora sucesora de la anterior, la que, apadrinada por los niños, entonces, Joaquín Orlando Hernández y Antonia y Basilisa García, fue bendecida también en una fecha simbólica, el 15 de agosto. El año anterior, en 1969, nuestro estandarte había desaparecido de manera misteriosa. Fue un momento extraordinario poder disfrutar de la bendición, con un vino de honor, en los locales del entresuelo del nº 90 de la Avda. de la Constitución, inaugurados en mayo de ese mismo año, 1970. Treinta y tres, hasta el 2002 inclusive, fueron las fiestas que por sus costuras vieron pasar estos bordados. De testigo en testigo, de alférez en alférez. ¡Cuantas anécdotas podrían contar, si pudiesen, claro, sus viejos flecos! Además, vivencias extraídas de primera mano y con la música en los riñones.

Como las tejas de un tejado, las enseñas se suceden imbricadas, sobrepuestas unas a otras, en el tiempo. La “desaparecida” databa de 1952. El 24 de agosto, y bajo el madrinazgo de Emilia Mataix, esposa del Alférez de ese año, Julio Berenguer, sin olvidarnos del Capitán, Juan R. Menor, fue la fecha elegida por la directiva presidida por el incombustible y recordado Regino Coloma. Si sumamos son dieciocho las fiestas

que podemos llegar a contar. Fue con su mayoría de edad cuando se nos perdió la pista. Sobreseído el caso, considero más que innecesario ofrecer recompensa alguna por quién pueda aportar información acerca de su paradero.

Dicen, cuentan, está escrito que el 5 de septiembre de 1916, y en la Iglesia Arciprestal de Santiago, fue bendecida la bandera de los Moros Nuevos. Alfonso Arenas e Isabel García fueron los padrinos de este, el primer pabellón del que tenemos constancia, sin duda, los hubo antes. Fueron años en los que Regino Arenas, presidente, lleva a cabo una gran reorganización en el seno de la Comparsa. Hasta la confección de la bandera que le tomó el relevo a ésta pasaron treinta y seis años, entre ellos los de la Guerra Civil española. Tiempos difíciles en los que hubo más de una ocasión en las que ni nuestro estandarte ni otros pudieron salir a la calle.

Nuestra “Notable centinela”, como dice el fragmento que encabeza este escrito y que pertenece al “Poema a la Bandera” de José Raúl Zubieta Ramos, es obra y gracia de un entusiasmado grupo de personas que, desde que surgió la iniciativa de su realización, fueron aportando ideas originales, rompedoras y prácticas. Es el caso de Cristina Muñoz. Bordados impecables, colorido sin par y armonía perfecta, “culpa” de Mercedes Tortosa. Acabados sincronizados, simétricos y muy nuestros, responsabilidad de Paco Micó. Y telas sabiamente unidas y cosidas por manos expertas, las de Ino Tortosa. Avalado todo por una directiva confiada y alentadora, que en todo momento supo que esta empresa estaba en buenas manos, y una supervisión exquisita, depurada y sin fisuras, desde el principio hasta el fin, tanto de Paco Abellán, el presidente, como de Isabel Tomás, infatigable y siempre disponible.

Es una “centinela” de tres franjas: granate, blanca y granate, siendo el doble de ancha la blanca. Por un lado, el de la franja blanca, el escudo de la Comparsa, bajo de éste una banda sinuosa verde y amarilla, como la de nuestros cargos, con dos fechas mágicas: 1854 y 2003. Por el otro lado, el castillo de La Atalaya y la ciudad de Villena. En ella, además de las dos torres y el casco antiguo, la Sede Social y La Cábila, estampadas con todo lujo de detalles, tienen su lugar. Envuelve el paisaje, como a nosotros en las frías madrugadas septembrinas, la manta dianera. Del moro, su bolsa moruna; de la mora, su bolso bordado. Acabándola, superior e inferiormente por las franjas granates, apreciamos la filigrana en dorado que nuestras socias lucen en sus turbantes. Está rematada con flecos dorados por todos sus lados.

Y por fin llegó el momento. El Día 5 de septiembre, tras El Pregón, y bajo un sol de justicia, después de un lluvioso amanecer, los padrinos, ya perfectamente vestidos, lucieron a sus “ahijadas” con agrado y pundonor. Las nuevas banderas resplandecieron radiantes en su iniciante puesta en un acto oficial, al igual que durante todas las fiestas, las primeras de, seguro, y como sus antecesoras, como hemos podido comprobar, una larga lista.

Al tejado, como decía antes, se le irán, con las décadas, sumando tejas. Cada vez es el techo más amplio y más seguro, pero esta labor es ardua y duradera en el tiempo. A nuestra “centinela” le esperan muchas velas guardando el puesto que, con cariño, se le ha encargado.

 

 

 

 

 

 

Amado-Juan Martínez Tomás

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