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El presente es la viviente suma total del pasado.

CARLYLE

Las ideas no tienen importancia alguna. Las ideas son el uniforme vistoso que se les pone a los sentimientos y a los instintos. Una costumbre indica mucho más el carácter de un pueblo que una idea.

BAROJA

150 años de Moros Nuevos es, sin duda, una conmemoración singular y única que la comparsa celebramos este año con mucha vehemencia y agrado.

A esta celebración debemos darle la importancia que se merece, no obstante, las fiestas de Moros y Cristianos son un cosmos por el que es muy difícil pasar de puntillas. Es un pequeño universo en el cual, una vez involucrado, nunca cesas de dar vueltas en torno tuyo y al eje principal del mismo. Un eje que aunque parezca irreal es tangible y verdadero: cultura, religiosidad, tradición, festerismo, camaradería, ilusión, añoranza, imaginación, devoción... Todos estos condimentos somos capaces de saltearlos y aliñarlos año tras año y así hemos llegado a este feliz cumpleaños enmarcado en un mundo festero que en nuestro pueblo es cada vez más insospechado, confuso, caótico e imprevisible, aunque también es dadivoso, desprendido, rumboso, magnífico...

¡Qué diferente serían, seguramente, las fiestas allá por el 1854! ¿Qué fantástico sentimiento llevaría a aquel grupo de comerciantes, que cambiaba vino de Villena por lana, a desfilar con los colores de la filá de este gremio alcoyano? Cualesquiera que fueran las motivaciones y anhelos de estos arrieros, nuestros tatarabuelos, no hubieran sido capaces de adivinar que siglo y medio después y no siendo los Musulmanes, nombre elegido en algún momento de nuestra historia, sino los Moros Nuevos, porque así nos bautizó el pueblo para distinguirnos de la comparsa mora que anteriormente ya existía, seguiríamos sus predecesores recogiendo ufanos el testigo de tal decisión. Desde entonces hemos ido engrosando a nuestra galería de moros ilustres a festeros que fueron entregándose de mano en mano el amor a sus colores y que supieron renacer en todos los momentos críticos, que no han sido pocos, impuestos por los acontecimientos sociales pero superados siempre con pundonor y delicadeza. Componiendo recto y con renglones alineados, escribieron bellas páginas que son auténtica memoria viva. Ni en un escrito de estas características ni en mil páginas sería posible plasmar tantas personas y tantos meritos, distantes y distintos. Por otra parte, considero lícita la omisión, no el olvido, de nombres porque no tendría perdón no recordarlos a todos.

Directivos, presidentes, colaboradores, socios y amigos supieron guiar los destinos de la comparsa. Con altos y bajos, pero siempre con voluntad y mucho cariño, construyendo una pequeña sociedad con perfecta cabida en su entorno, siempre presente, activa y dispuesta para el devenir de los tiempos y el ritmo que la propia fiesta nos marca continuamente. Conocedores de nuestra idiosincrasia todos quienes de una u otra manera estuvieron al frente, con su estilo, aportaron, unas veces con más fortuna que otras, lo que más conveniente y justo consideraban para todos. No olvidemos que las retribuciones que se buscan, o por lo menos se deben buscar, a la dedicación de una entidad festera no son otras que la satisfacción personal, en detrimento del valioso tiempo libre, contenido en el amor a un sentimiento muy difícil de explicar materializado en unas señas de identidad. No es sencillo conducir un carro con personalidad propia, con una impronta que no surge de la noche a la mañana, que ha ido forjándose a base de ideas, de osadas pero no descabelladas propuestas y de iniciativa. Un sello propio y perceptible que nos ha hecho ser pioneros de actos y desfiles: misa del cementerio a los difuntos, cena de los ancianos del asilo, cena del día 4, Ofrenda...y, además, fieles amigos de nuestras compañeras comparsas, con las cuales los lazos de amistad son palpables, verdaderos y sinceros. Todas, en definitiva, aunque con identificaciones y procedimientos distintos, surgidas con espontaneidad y para un fin lúdico y recreativo pero sin olvidarnos del contexto histórico y cultural.

El lenguaje que utilizamos en el primer siglo de vida para hablar tanto de nosotros como de todo el ámbito festero es exclusivamente masculino. El papel de la mujer, sujeto a los convencionalismos sociales, está totalmente camuflado y se limita a ser cómplice y espectadora. Pero no por eso la mujer no estuvo ligada a la fiesta. Su presencia activa o pasiva, visible o invisible, directa o indirecta, no cabe duda, estuvo. Sin embargo, no fue hasta el capicúa 1991 cuando, con un acertado diseño, un elegante desfilar y una armoniosa compenetración, las Moras Nuevas irrumpen con fuerza y deseo en el panorama septembrino como socias de pleno derecho, con gran éxito y perfectamente acopladas y recibidas.

Mucho antes, en la década de los 50, aparece la figura de regidora y madrina. De esta manera, ocupando un cargo de manera representativa, ellas empiezan a tener un puesto patente y visible en nuestras fiestas. Siempre joviales y espléndidas, las madrinas han sabido estar y manifestar una gran complacencia. Todas ellas regalaron, generosas, un pedacito de sí mismas para compartirlo con los suyos. Altamente orgullosa exhibe la comparsa en su Sala de Juntas a todas estas mujeres. Más tarde, aparecen las madrinas infantiles quienes, también con entusiasmo y añadiendo inocencia, nos dedicaron su impronta de niñas. Mayores y pequeñas, acompañadas de los cargos reservados para los varones: capitán y alférez, imprescindibles guerreros a la hora de conseguir un perfecto orden de jerarquía miliciana. Toda hueste mora necesitó de hombres dispuestos y voluntariosos para guiarla, como es sabido en nuestro caso, con arrojo y pasión.

La misión de iniciar bloques está reservada a gallardos cabos capaces de levantar con un simple gesto, pero eso sí, cargado de distinción y donaire, a espectadores entusiasmados con el movimiento de una brillante gumía. Valerosos han sido, y son, los cabeza de bloque en nuestra comparsa. Muchos de ellos con dilatadas y espléndidas incursiones, y desde hace doce años, como no, se suma un ramillete de gentiles féminas, dando una finura singular y consiguiendo una completa sincronización en nuestros desfiles.

Hasta aquí hemos llegado gracias a infinitos granos de arena: la valentía estruendosa de los arcabuceros, la capacidad respiratoria y percusiva de los insustituibles músicos que reproducen composiciones creadas con esmero y genialidad, las laboriosas, delicadas y asombrosas manos de modistas y bordadoras, la espectacularidad de boatos, el desprendimiento y esplendor de las escuadras especiales, la apostura y aportación de caballos y carrozas, los elaborados guiones de embajadas... participaciones todas estas, y muchas más, igual de importantes, pero que se nos pueden escapar, e imprescindibles para componer un mosaico de mil vidrios y colores, un mar inmenso.

Nuestro caso es un mar amarillo. Mar que se extiende al caminar y que en sus marejadas y marejadillas ha encontrado reposo y descanso en variadas Casas y Cábilas.

Para llegar a la espléndida Sede Social, sita en la calle Mayor, los Moros Nuevos nos hemos ubicado antes en casas de distintos socios y diferentes lugares. De todas ellas guardamos imágenes y recuerdos indelebles. Han sido pasos necesarios para situarnos en la actual Jaima, una construcción impecable de 1998 de la que nos sentimos reconfortados y complacidos. La Cábila no ha sido menos en su deambular. Aunque en terrenos dispares, siempre tuvo la esencia que contiene la de hoy en día desde 1991. Todas guardan secretos al oído bajo la media luna, noches dulces y románticas, aplausos enérgicos a sus madrinas, bailes acalorados y suaves, acordes de músicas festeras y populares, reuniones de los socios y “cavilaciones” de sus directivos. Nuestra sala de fiestas ha encontrado en “La Losilla” el ámbito idóneo para multitudinarias veladas veraniegas y es un punto de encuentro ideal en noches septembrinas. Digna sucesora de la del “Cinema”, “Recreativos Parra”, “El Huerto de Máximo”, “La Puncha”...

En este 2003 no se trata más que de resaltar las características de los cuatro animales, haciendo honor al simbólico día 4, que aparecen en el “banderín” y que con motivo del 125 Aniversario la comparsa realizó: el elefante, robusto y decidido para desafiar con aplomo la batalla; el leopardo, galano y elegante a la hora de dejarse ver; el camello, férreo e incansable para afrontar un largo camino (cada vez las fiestas empiezan antes) y el pavo real, ataviado e imponente porque luce sus mejores galas.

Muchas son las anécdotas, las vivencias, los momentos compartidos, y no sólo por los moros que hoy lo somos sino también por todos aquellos que aportaron un hombro. Por eso, por nosotros y por ellos ha llegado la hora de prepararnos, guapos y dispuestos, para anudarnos la corbata unos, o ceñirse a un traje largo otras y percibir con entusiasmo y alegría una celebración irrepetible que la debemos situar en un campo distendido y gozoso pero, eso sí, huyendo de clichés y de encorsetamientos. Es la ocasión perfecta de reencontrarnos más que nunca y de darle a esta conmemoración un enfoque formal pero, a la par, jubiloso. Nunca fue y menos ahora el momento de rumiar fantasmagóricos actos ni de devanarse los sesos. La cuestión está en disfrutar con naturalidad y confianza de un legado con firmes cimientos y mejores columnas. De una coyuntura armoniosa de miembros jóvenes, adultos y mayores que, es obvio, ven y reciben esta efeméride desde ópticas muy diferentes aunque no opuestas.

Desde una comparación estrictamente gastronómica podríamos decir que los socios infantiles degustan el aperitivo de un menú que se prolonga en el tiempo, tanto como un festero siga siéndolo. Están expectantes y receptivos a todo cuanto suceda. En su memoria quedarán instantes fotográficos que seguramente no revelarán hasta dentro de algún tiempo pero que, cuando lo hagan, será con una sonrisa y el agradable poso que dejan los buenos recuerdos. Un buen aperitivo es fundamental y los pequeños tienen que encontrar en este aniversario el aliciente idóneo para empezar a saciar y, a la vez, provocar más hambre.

El primer plato es muy peculiar. De él requerimos que tenga un toque original pero que su bocado sea sabroso y contundente. Aunque no tenemos ya la voracidad de los entrantes queremos empezar a calmar el apetito. Los socios jóvenes nos encontramos en este fenomenal punto. Apostamos por la comparsa con seguridad y la contraprestación a ello la queremos con firmeza. Es una muy grata sensación saber que todavía queda mucho más y mejor mientras se saborea a dentelladas. Los jóvenes sabemos que este especial cumpleaños ha de ser nuestro particular acicate para no levantarnos de la mesa.

Paladear y degustar es lo que los socios mayores quieren hacer este año. Exprimirle a su comparsa, la elegida por unas u otras razones, todo lo posible porque la conocen perfectamente y saben todo el jugo que pueden sacar. Tienen la suerte de vivir unos hechos para saborearlos bien con cuchillo y tenedor o a mordiscos y “repelando” hasta el hueso. La forma es lo de menos. Lo importante es gozar del plato y quedarse verdaderamente satisfecho, tanto de la “comida” como de la “compañía”, tanto del aniversario como del ambiente de amistad y festerismo.

¡Que dulce placer el de un buen postre! No hay nada como dar fe de cómo han ido deparándose los acontecimientos. Sapiencia que sólo da la experiencia y el tiempo. Muchos y buenos son los veteranos que los Moros Nuevos contamos. Son quienes han conducido esta comparsa y van a recrearse en estas fechas, seguro, con enorme satisfacción. Va a ser esta conmemoración una guinda para ellos.

Desde septiembre del año pasado se van sucediendo actos tras actos: el pistoletazo de salida el mismo día 9, la romería al Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes, la exposición fotográfica, el belén festero, la copa fin de año, el chocolate con toña para San Antón, los finales de los campeonatos para el Ecuador en nuestra Casa, el propio Ecuador, la Donación de Sangre, el Encuentro de Pintores, la presentación y publicación del Libro conmemorativo, la realización de la página web y del CDROM, la confección de las nuevas banderas, el Concurso de Composición de Música Festera, el Concierto Festero en el que elegimos nuestra pieza: “EFEMÉRIDE 150 años de Moros Nuevos”, la Fiesta Mora, el consolidado IV Concurso de Pintura Festera, la Fiesta Homenaje a las Madrinas, la Presentación Infantil, la Gala 150 Aniversario y Presentación de la Madrina Mayor... En definitiva, hasta llegar al anhelado Día 4 habremos derrochado en el camino infinito entusiasmo e ilusión y, sin embargo, las fuerzas quedarán intactas para los días grandes. En ellos, el ánimo estará, una vez más, en el cénit. No nos queda más que aprovecharlos y estrujarlos al máximo. El tiempo es inexorable y nos transporta a la fecha. La Morenica, siempre solícita y atenta, nos tiende su manto. La historia nos mira y nos guiña el ojo. La ciudad de Villena está informada y así la comparsa lo queremos hacer saber: ¡Ha llegado el 150 Aniversario de los Moros Nuevos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amado-Juan Martínez Tomás

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